22Aug,17

‘Anuncio profesional’: Un cuento de amor, sexo, lujuria y desesperanza

La aparición de una sexy joven podría cambiar la vida de un hombre para siempre. David Flores Heredia nos envía este cuento de un encuentro amoroso que podría tener un final feliz.

ANUNCIO PROFESIONAL

“El mundo no entiende de amores, el mundo no entiende de nada/
El mundo es un pobre poema que solo recita el alma”
Manolo Galván

Su anuncio versaba: “Linda debutante quebradita y bien golosa, dispuesta a dar anal hasta reventar, chuparla sin parar y sentir…”. La llamé. A los 15 minutos llegó. Su nombre Tahis, su figura increíble. Rostro como el de Madonna jovencita. Mirada y voz de niña perversa y alegre. Piel de maíz, cabellos pintados de miel, hija de selva. Con la suavidad en los gestos de su bello rostro y delicadeza en los movimientos de sus manos y precioso cuerpo delgado y quebradito. Cerró la puerta y se acercó lentamente hacia la cama donde yo estaba desnudo mirándola. Me observó como una otoronga analiza por dónde comenzar con su presa –ese hombre– yaciente en la cama, desnudo, solo y triste con una ridícula sonrisa optimista.

Se desnudó y saltó hacia mí. Su piel suave, completamente razurada, con el hilillo transparente de su vagina deseosa, oh si pudiese describirse al tacto, o al perfume del agrio dulzor de su sexo. Una niña tierna y maligna, creada sólo para ese lúbrico instante. Deslumbrado. Nos amamos sorbiendo nuestros alientos, poseyéndonos en un vicio salvaje con penetraciones profundas y superficiales, lentas y rápidas, delicadas, directas, violentas, tiernas. Todas posiciones llenas de gemidos y arañazos. Hasta que explotamos. Uno a cada momento: ella quebrada en el aire con los ojos cerrados hasta caer hacia un lado, exhausta y llena de gozo; yo no esperé, inmediatamente me arrojé sobre ella que de espaldas me recibió y continué unos segundos hasta caer en igual condición.

Unos minutos en silencio y le tocó hacer el papel del cariño y del interés en mi persona. Con palabras dulces, cómo no. Con preguntas personales, sonriendo para luego intentar un felatio delicioso y el inicio de una nueva acción. Esta vez comenzó sentada de espaldas mirándome a través del espejo como perdiendo la razón porque tenía mi pene dentro. Se inclinaba, movía, jadeaba. Ohhhhh. Tres horas nos pasamos sudando y mordiendo fantasías hasta que la llamada del cuartelero dio por finalizada la función.

Salimos sonrientes del hotel como si fuésemos íntimos amigos. Había acordado embarcarla. Fuimos hacia la avenida, todo el tiempo conversando, sintiéndome bien por charlar con tan hermosa criatura, pensando que, tal vez, podría convertirla en mi esposa, que su sexo podría ser sólo mío. Iluso. Pasó su carro. Se fue.

Regresé a ella a través de llamadas, poemas, mensajes, deseos y encuentros donde juraba deseaba casarse conmigo y cambiar esa peligrosa vida por una sana convivencia. Su voz, sus ojos y dulzura perversa me envolvían. Fue un torbellino su presencia. Me atrapó. A los pocos meses ya salíamos de compras como dos enamorados. Un día tuvo que viajar por una emergencia de su familia que vivía en Moyobamba. Los planes de boda se pospusieron. Nunca regresó. La depresión hizo su aparición. El silencio. La desesperación. Caía sin remedio.

El tiempo hizo lo suyo, así como apareció se fue la oscura tristeza y la renacida luz de los días hicieron que regrese al trabajo que había perdido y a la rutina de vida que había abandonado. Meses después, sentado en mi escritorio aún me conmuevo y pienso en ella con cariño, pues comprendo que se fue porque en el fondo sabía que de convertirse en mi esposa yo jamás habría olvidado su anuncio profesional.


David Flores Heredia, 34, Lima, escritor, poeta, músico, investigador en comunicación y periodista, con diversos relatos en revistas de literatura, algunos bajo su pseudónimo d. o mad, quien próximamente publicará su primer poemario.

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