06Oct,17

Declaración de un hincha previo al mundial

Cansados de los ‘casi’, los ‘ufff’, esta selección se ha visto en la lucha por un cupo a la próxima cita mundialista. La lucha de todo un pueblo y el tiempo de espera por fin acabó, esta es una declaración de un hincha cerca, muy cerca al Mundial de Rusia 2018, después de 35 años.

Leí un libro de Hernán Casciari sobre fútbol. En uno de los capítulos, hace mención a un artículo donde habla sobre los equipos que campeonan el mundo. En ese texto, España acaba de ser campeón del mundo por primera vez y por fin han entrado a este club exclusivo. La élite, los llama. En él, cuenta que después de ganar una copa del mundo muchas cosas cambiarán: La madre y la novia hablando de verticalidad en el juego en vez de las piernas o el culo de algún jugador, la cantidad de chicos de 8 años queriendo ser mediocampistas o la cantidad de bebés que se llamarán Iker, Carles o Andrés. Habla que la publicidad deportiva sólo puede ser ahora sensiblera porque por fin existe una memoria emotiva. Enhorabuena españoles, dice: “Bienvenidos a la élite de los hinchas que sufren de verdad.”

Tengo 38 años y no tengo recuerdo (al menos real y consciente) de haber visto a Perú en un mundial. España 82 fue el último y yo tenía 3 años y seguro lloraba más porque mi hermana me quitó mis carritos de Hot Wheel que cuando en el minuto 92 La Rosa falló el gol que volteaba el partido a Italia y nos pondría en segundo lugar luego de que Polonia nos metiera 5 goles cuatro días después.

A mis 3 años, no coleccionaba un álbum de Navarrete ni tenía una camiseta autografiada por varios jugadores que vistieron la camiseta, salieron al campo a pelear cada batalla, para terminar derrotados e infelices, tantas veces que se les hizo costumbre acabar al fondo de la tabla.

Cada vez que juega Perú, el país se divide entre una minoría sufrida (los que amamos el futbol y alentamos con toda el alma a nuestro país sin importar el resultado) y la gran mayoría escéptica (aburrida de que juguemos como nunca y perdamos como siempre). Esos que esperan ese día para tirarle barro con ventilador a cada jugador incluso los que no estarán ni siquiera de suplentes. Por cada loco que sigue a la selección con la esperanza de que podemos ganar, hay 9 que solo despotrican por las redes y recuerdan que tal es un borracho o que el otro se metió con una vedette.

Si me preguntan por qué me autoflagelo con los partidos de la selección, la respuesta rápida es no sé. Todos los años Argentina, Brasil y hasta Uruguay saben que sí o sí llegarán a clasificar al mundial. Colombia y Ecuador pelean los puestos de más arriba y últimamente hasta Chile ha estado asegurando la clasificación. Nosotros, los peruanos empezamos las eliminatorias esperanzados en hacerlo mejor que la vez anterior pero muy en el fondo rogamos porque, al menos, acabemos mejor que Bolivia. ¡Qué vergüenza! Y aun así, contra todo pronóstico, haciendo caso omiso a casi todos los que me rodean, me vuelvo a poner la misma camiseta que guardo como el mayor de mis tesoros. La que ha recibido más lágrimas que golpes de orgullo en el pecho. La que guarda todos mis “ufs” y mis “casis”.

“Casi” es la palabra que más se ha dicho dentro de un estadio peruano o vistiendo la camiseta bicolor. Si las palabras tuvieran sabor, Casi sería amarga, intragable, como jarabe para la tos. Si las palabras fueran personas, Casi, sería esa chica que nunca te dará bola pero que siempre te busca cuando necesita un favor. Esa que sabe que matarías a alguien sólo porque ella te lo pidió y que irías a la cárcel con la sonrisa más cojuda porque crees que te esperará cuando se cumpla tu condena. Casi. ¡Qué pendeja puede ser! ¿Cuántas veces nos ilusionará para terminar clavándonos una daga por la espalda?

Esta vez sí será distinto, pienso cada vez que va a empezar un partido y nuevamente el “casi” nos empieza a jugar en contra: 8 pases entre el Chorri y Solano, Maestri Cabecea y casi no se va al saque de meta. Ufff casi. Córner para Chile, cabecea Salas y Balerio casi la ataja. Pucha, casi. Juegan los 4 fantásticos, esto pinta mejor. Arranca el Loco por izquierda, la toca Farfán que juega en el Schalke y cuesta más que Pizarro en la Bundesliga. Paolo jala marca como en el Corinthians para que Pizarro, que acaba de ser comprado por el Bayern y que saldrá campeón de la Champions unos meses después, se meta al área esperando el centro de la Foca, como ahora lo hace en su equipo con Ribery, Schweinsteiger, Müller o Kroos. Se eleva bien pero la defensa llegó primero y la despeja al lateral. Casi.

Tantos nombres han pasado por la selección y han acabado ahí mismo. En el fondo de la tabla, sin posibilidades matemáticas, ni alegrías que le pudieran traer a los 30 millones de peruanos. “Bienvenidos a la élite de hinchas que sufren de verdad”. ¿Qué mierda hablan los argentinos de sufrimiento? ¡Van a todos los mundiales! Están siempre ahí. Las clasificatorias para ellos no son las eliminatorias que son para nosotros. Perú es el país del casi. Casi clasificamos a México 86, pero justamente Gareca nos quitó la clasificación directa. Perú casi clasifica a Francia 98 pero perdemos por 4 goles en Chile y terminamos eliminados por diferencia de goles.

¿Será que existe un placer escondido en esto de sufrir de a pocos? ¿Habrá alguna palabra que describa esta sórdida adicción a morirse lentamente? Siempre oí que es mejor arrancar el curita de un tirón para que duela menos. Pero, ¿y qué si lo que yo prefiero es la agonía lenta en vez de un corte limpio y certero que separe el pie gangrenado del cuerpo aún servible? No me malentiendan. Quiero ver a mi país en un mundial. Quiero que la pelotita entre al arco rival más veces del que entra al nuestro. Quiero ver ondeando las banderas rojiblancas por todos los estadios de Rusia y de Qatar. Quiero escuchar el himno y cantarlo de pie a voz en cuello parado frente al televisor o mejor aún en la tribuna. Quiero salir a la calle e intercambiar figuritas con los chibolos de la universidad, como cuando lo hacía en el colegio. Pero esta vez, quiero que el álbum sea distinto: No quiero tener repetido a Taffarel, Mauro Silva o Dunga. No quiero que me den al Pibe Valderrama, Batistuta y Lothar Mathhaus por la figurita cromada de Hristo Stoichkov. No quiero enterarme que los peinados de los jugadores de Camerún son tan rastas como los 3 colores de su Bandera.

Quiero sentarme en la pérgola de la universidad y dar 3 Neymars, 2 cromadas de Messi, 1 Luis Suárez y 1 James Rodríguez para ir pasando el paquetón de repetidas diciendo yala yala yala yaaa yaaa yaaa yalaza yala yala hasta emocionarme gritando NOOOOOLA mientras le quito del mazo la figurita de André Carrillo. Quiero que ese chibolo crea que soy un huevón porque Carrillo ni siquiera es cromada y yo le diga que no importa, que sí pues, que soy huevón. Y cuando abra mi álbum y empiece a pasar las páginas llenas de jugadores y camisetas de otro país llegue a la de Perú, en el grupo H (de huevos) y sólo falte uno para completarlo. Ya están la de mi Bandera en el primer lugar al lado del incomprendido Gareca, al que le llovieron insultos por hacer entrar jugadores sin minutos en un partido decisivo. Ahí estarán esperando el Mudo, Paolo (Hurtado y Guerrero) junto a los diminutos Oreja Flores, Ruidíaz y Cueva (que en la foto se ven gigantes). Faltaba llegar uno a la fiesta, el único espacio que no olía a goma. Sacaré de mi bolsillo mi goma blanca David (aunque ahora todas las figuritas sean autoadhesivas), la unto con ansiedad, me tiemblan las manos al pegar a André al lado Farfán. Es la única figurita que faltaba. Es lo único que faltaba para llenar mi álbum del mundial. Mi primer álbum con la selección peruana dentro de él.

¿Qué sabe un argentino lo que es sufrir, si cada vez que ha coleccionado un álbum, siempre tuvo en su bolsillo un Burrito Ortega, un Crespo, un Claudio Paul, un Riquelme, un Di María o un Verón?

Hoy estamos tan cerca de clasificar pero aún no está nada dicho. Todavía no sabemos si vamos a clasificar o si tendremos que sufrirla en un repechaje adicional. La agonía de no saber es peor que ser cortado de raíz. Por eso voy a cantar el himno a todo pulmón abrazado a los demás: primero frente a la tele mirando la Bombonera, y el martes desde el estadio, mi Estadio Nacional. Voy a cantar tan fuerte que nuestras voces se oirán hasta Rusia, porque hasta allá vamos a llegar. Esta vez no hay “casis” que nos detengan. Esta vez los 30 millones vamos a jugar. Esta vez hasta los pesimistas están cruzando los dedos. Esta vez Gareca nos hará clasificar.

Si me preguntan por qué me autoflagelo con los partidos de la selección, es porque quiero sentarme en la universidad, pasando entre paquetones de figuritas hasta encontrar la de André, que me harán llenar ese álbum, que será desde ese día en adelante, el tesoro más grande que podré guardar.

Manu Acevedo
Miembro de ‘La Franja’, barra oficial de Perú.

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