09Oct,16

Lluvia purpura en Lima setentera

Luego que se desintegrara definitivamente “Los Saicos” a mediados de 1966, Los Yorks fue el grupo que se perfilaba como la revelación musical a finales de los sesenta. En 1968 es el año del despegue radial y televisivo. Y aunque detrás de la historia de esta gran banda, la era hippie, los escándalos y los militares fueron los ítems noticiosos antes de la llegada de la nueva década en el país.Los Yorks portada

Palacio de Gobierno iba ser tomado por una revolución militar y aunque Velasco Alvarado “El chino” derrocó a Fernando Belaunde siendo uno de sus jefes castrenses a finales de 1968, las canciones de “Los Yorks” eran hits en las estaciones de radio y, poco a poco, la era “beat” finalizaba dando comienzo a la psicodelia en nuestra camaleónica sociedad. En otras palabras, los roqueros a lo James Dean se juntan con los hippies cuyo lema “haz el amor y no la guerra”, era la naciente consigna de moda. Así estas “tribus” se expandían por los barrios limeños y el rock tomaba fuerza en las calles. Los conciertos rotulados “matinales” congregaban a cientos de fanáticos y ningún domingo olvidaban que su grupo favorito yacía en el escenario, entre otras bandas más, en los cines de la metrópoli. Escolares, universitarios y gente de barrio frecuentaban y gozaban de los delirios de la música que “tomaba” literalmente el planeta. La revolución musical englobaba todas las regiones del mundo.

Evidentemente, Lima no era la excepción y el grupo de entonces era liderado por Pablo Luna (vocalista), Jesús Vílchez (bajo), Walter Paz (primera guitarra), Roman Palacios (segunda guitarra) y Roberto Aguilar (batería), los idolatrados y provocadores “Yorks”, una mezcla de “The Who”, Doors, y los Stones. Remecieron tímpanos, exorcizaron almas y despertaron actitudes pasivas. Performances y, al vivo, inenarrables actos de violencia, en tocadas difíciles de olvidar, además de sus recordadas canciones fueron el gran grupo del naciente rock peruano.

Son varios los seguidores hoy en día hacen nostalgia y narran algunas de sus experiencias en estos conciertos de furor colectivo. Jorge Acosta, director del antipub contracultural y inexiste ya, “El Averno” manifestó que estos fueron únicos, inigualables e irrepetibles: “Luna rompía los micrófonos y las luces, se revolcaba por el escenario, gritaba y blasfemaba; la gente abajo enloquecía y lo imitaba. En verdad, eran taquilleros, miles de personas iban por verlos. Era alucinante, fueron el furor en la época”.

Y continúa: “Fue música alternativa. Lo más usual era que todos canten en inglés, y ellos cantaron en castellano, fue una propuesta contestataria. Los Yorks son un hito del rock nacional. Aparte de eso la rebeldía que estos manejaron fue vanguardia en América Latina. Por ejemplo, en Argentina, los músicos que existían no se compararon nunca a las locuras de Pablo Luna. Yo los vi en acción y hasta ahora creo que es el mejor de todas las bandas a pesar de las décadas que han pasado”, recuerda el músico de la agrupación “Del Pueblo, del Barrio”.

Una vez le preguntaron a Walter Paz, guitarrista del grupo, si fueron influenciados por los filmes de moda, o por los grupos anglosajones, el músico dijo que era natural, que las tocadas eran muy espontaneas. “Eramos pura dinamita en el escenario, éramos explosivos, contundentes, nos gustaba lo que hacíamos. La gente se divertía con nosotros”, sostiene Paz en una entrevista a la revista “Esquina rock, arte y cultura”.

Gestos amanerados, canciones en doble sentido, casi sexual; pornográfico y hasta muchas veces censurables, su vocalista, Pablo Luna, quien hoy radica en España muchas veces contó que “en realidad nosotros no eramos un grupo tan ruidoso como lo que hacen ahora. Dimos el puntapié inicial para una música muy provocadora en aquel entonces, ya que ha quedado impregnada y muy presente en la gente de los años 67, 68, y como dicen algunos, que nos adelantamos a la época y si fue así, en buena hora”, evoca Luna en algunas charlas con sus seguidores años atrás.

los yorks

Rebeldes y furiosos; hippies y canciones de amor

Cuenta la historia que el primer vocalista de Los Yorks no sintonizó con la platea. En ese instante, Walter Paz vio cantar a Pablo Luna con el grupo Los Press (muchos de ellos cadetes de la FAP), y se citaron un día para conversar y, de paso, convencerlo que dejé a su banda natal y que se una a ellos. Luna aceptó, y antes de cumplir los 20 años, debutó en el cine Tauro. Era verano de 1966.

Narra Jorge Acosta que este conoció a Walter Paz, primera guitarra, en el colegio Santo Tomás de Aquino, y que a Luna lo vio desde su niñez correr por el populoso barrio del Rímac, en Francisco Pizarro, en la cuadra 4. “Luego Luna se fue a vivir a Ancón y fue avionero. Indudablemente, fue el líder, aunque muchas veces fue muy engreído y por culpa de ello varias veces se dividió el grupo. Recuerdo que Beto Casanova lo sustituyó en un concierto y al pobre lo agarraron a tomatazos”.

Arturo Vigil, la enciclopedia del rock nativo, acota que la banda produjo 4 long play (LP) y 2 discos 45. Sus lp. “Yorks 67”, “Yorks 68”, “Yorks 69” y “Ritmo y sentimiento” fueron considerados muy populares en dicho contexto. “Eran los más esperados. Especiales en las radios donde se regalaban entradas, además fue la primera banda que tuvo un programa de tele en canal 11, además una amplia cobertura en los medios limeños. Estos convocaron mucha gente, multitudes en realidad. Además tuvieron mas tiempo en escena cosa que Los Saicos no porque se desintegraron pronto”, relata el investigador.

Fueron, asimismo, los iniciadores de la catarsis colectiva, llamada “La enfermedad, un movimiento de fieles seguidores que no faltaban a ningún espectáculo. Estos bailaban, se retorcían, que vivía la música a plenitud.

En realidad, dicen los conocedores, que Los Shains fueron su principal oponente en la escena musical, es decir, los primeros provenían de los barrios pitucos, y los segundos, eran la masa, el pueblo, los sectores clasemedieros y universitarios.

Y fue así. Y no solo la música prospero. La moda, la otra gran industria, floreció. Como en todo el mundo la gente usaba blusas multicolores, pantalones acampanados, peinados con gomina o pelos largos desordenados, fueron, sin duda alguna, los nuevos códigos sociales. Los roqueros influenciaron en sus seguidores, no sólo en el habla, sino en el estilo de vida. El hippismo tuvo en su máximo affaire a miles de jóvenes que se vestían como el arco iris, y tuvieron en muchos casos ideas progresistas o una nueva filosofía de cómo entender al mundo. La versión hippie limeña fue popular. Jóvenes ilustrativos, agrupados en “pandillas” como “Los Scorpiones” (Barrios Altos), “Gatubelas” (Lince) o “Los Pájaros” (Rímac), tomaron la ciudad por algunos años.

Su circuito sonoro era los “matinales” y de allí su admiración por el rock and roll. Los Yorks estaban allí y se les rendía culto. Dicen que hasta 12 conciertos por día resistían. Los hippies eran sus más grandes fans. Cines como Lido, Idolo, Primavera, o Tauro estaban copados de entusiasmados seguidores. Se sabe que los organizadores de los conciertos vendían a las promociones escolares la idea los recitales de rock y los discjockey animaban las veladas. Canciones, cuya temática era la adolescencia y la rebeldía, los amores frustrados, o imposibles, además de temas urbanos y existenciales. Los discos emblemáticos, según los conocedores, fueron “York 68”, y “Ritmo sentimiento”. Las radios que apoyaron fueron Radio Inca, Excelsior, 1160, y los dj.: José Irey, Sergio Llamosa, Luis Aguilar, Guillermo Llerena, marcaron la época.

Asimismo, este singular quinteto grabó en la disquera titulada Mag, en el centro de Lima, en la calle La Oroya, cuyo dueño fue Manuel Antonio Guerrero, padre de Carlos Guerrero, del grupo We all together. Temas como “La carta”, “Abrázame”, “Mi nena”, “Solo pido amor”, “Sé que no cambiaras”, “Abrazame baby”, “El viaje”, “El cielo”, “Enamorado de un amigo mío”, son éxitos, hits, y se dice que sus discos han sido los más “pirateados” hasta el día de hoy.

pablo luna los yorks

El lado oscuro de una extraordinario banda

Aunque se sabe que no hubo mayores escándalos, hubieron algunos pequeños y anecdóticos incidentes. Vigil hace memoria y confiesa que una vez los afamados Yorks estuvieron 24 horas detenidos en la comisaría de Lince. “Es algo gracioso lo que pasó con ellos. Yanino, el estilista de moda, quien practicaba secretamente la brujería y ya tenía algunas denuncias en su contra, fue arrestado justo cuando la banda se peinaba en su local. Cierto día los integrantes estuvieron arreglándose para una presentación, puesto que el look siempre ha sido muy importante, y de pronto, la policía entra al local y arrestó al peinador y, de paso, a todos ellos que terminaron en la comisaria todo un día por dicha confusión”.

Por otro lado, Acosta confirma que las drogas inician su lento posicionamiento en nuestra capital y los conciertos fueron siempre el escenario de una veintena de denuncias. “No era como lo que es hoy la problemática de la droga, así como las pandillas o barra bravas. En ese entonces, todo era paz y amor; nada de riñas o grescas fatales. En cuanto a la droga la marihuana estuvo presente, pero no exageradamente. En varios tocadas de la banda la policía ingresó y detuvo el concierto por algunas denuncias muchas de ellas falsas”, relata. De otro lado, luego del boom de éstos, hay algunas historias las cuales sostienen que se dedicaron a vivir exageradamente, es decir, tuvieron una feroz bohemia y algunos percances con las drogas y el alcohol.

Para Acosta es simple: “Tanto trajinar y tanto dinero obtenido tuvo en sí una escapatoria lógica: se refugiaron en las drogas, pero en sí, fue una experiencia pasajera.” Vigil agrega que el mantrax, un tipo de ácido, llegó a Lima en los setenta, sin embargo, aclara que Los Yorks no la consumieron: “No hubo mayores escándalos. Cuando se separaron fue por problemas de ego, o enfrentamientos personales. Nada con las drogas aunque si sé que sí las hubo. Me contaron que una vez cuando Carlos Santana estuvo en Lima le obsequió en una fiesta de rompe y raja su guitarra a Walter Paz. Esto sucedió en la playa Santa María. También sé que hubo denuncias por drogas en los conciertos, no obstante, eran sólo falsa alarma”, finaliza.

En fin, la psicodelia nacional tuvo nombre propio y estos músicos fueron el despelote en su época. Hoy, Luna vive en Madrid, Roman Palacios tiene un colegio, Walter Paz (QEPD) fue periodista, Jesús Vilchez vive en Miraflores y Roberto Aguilar trabaja en su empresa local.

Y así, tras el resurgimiento del rock local al mundo, vale la pena recordar a los ídolos de una generación que creyó que la música no solo es un estilo de vida, sino más bien un latente y sonora, qué duda cabe, ideal.

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